Las casas del barrio donde vivo – nuestro querido Barrio Obrero – fueron sorteados en acto público, frente a la Municipalidad el 25 de Mayo de 1952.
La mayor parte de la comunidad estaba allí, sobre todos los que nos habíamos anotado para ver si nos tocaba una casa, pues aquí en Tornquist era el primer barrio que se hacía.
Felizmente yo también salí sorteado; me tocó la casa número 16.
En ese tiempo no había sucursal del Banco Provincia en Tornquist, y nuestras cuotas teníamos que abonarlas en Saavedra ( $ 95,00 por mes, y era mucha plata)
Entre los primeros que viajaron a Saavedra a pagar nuestros recibos recuerdo a don Juan Haag y también a Héctor Luján, que en ese entonces tenia un auto de alquiler.
Viajar a Saavedra siempre ocasionaba algún gasto, por eso habíamos resuelto ir una vez cada uno llevando los recibos de todos (como dice el refrán: Un poquito cada uno, no le hace mal a ninguno).
El día que nos entregaron las casas, yo fui uno de los últimos en ir, por razones de trabajo. Cuando llegué – me parece que fuera hoy – , palpé un entusiasmo impresionante; unos alisaban sus terrenos, otros plantaban frutales, o los cercos de ligustros que actualmente le ponen atractivo a la estructura del Barrio.
Por supuesto, yo también hice lo mismo. ¡Como para no hacerlo! Ya teníamos nuestro techo propio. Y empezamos a sentirnos todos una gran familia.
Becker, Adúriz, Seitz, Godofredo y Juan Haag, Muñiz, Godino, Schwerd, Martínez, Valentini, Sauer, Canutti, Burgos, Heiland, Schulmaiester, Macchi…
Barrio lindo de gente humilde pero de trabajo.
Cuando ya nos habíamos instalado, comenzó a nacer una gran amistad entre todos.
Recuerdo las crudas noches de invierno de los sábados y domingos, nuestras mujeres remendaban ropa de los hijos o tejían algún chaleco, mientras nosotros, para cortar las horas, jugábamos unos partiditos de “conga” (solía jugarse en lo de Pileta Muñiz, Orlando Canutti, Juan Haag o en mi casa, que éramos los vecinos mas cercanos)
No puedo terminar este recuerdo sin hacer llegar nuestro agradecimiento a quienes construyeron el Barrio; don Luis Oberto y su hermano José, hoy fallecido.
Lo hicieron con el mejor material y no escatimaron esfuerzos para realizar construcciones sólidas.
Después de tantos años los mosaicos se mantienen firmes, lo mismo que el parquet y los revoques. En cambio debo decir, duela a quien duela, que en otros barrios, al poco tiempo de ser habitados, sus propietarios tuvieron que cambiar techos y realizaron grandes gastos.
Cómo sería la confianza que les teníamos a Don Luis y Don José que a Romulo Fidani y a mi nos nombraron veedores de la obra, pero creo que nunca fuimos a observar los trabajos.
A ellos nuestro profundo agradecimiento por todo lo que hicieron.
Tal como lo recordaba el bisabuelo Cayetano Macchi Nota publicada en la edición de Observador Serrano del 09 de Agosto de 1984
Foto: Don Luis oberto con uno de sus hijos







